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Guerra étnica en Francia

Escribimos estas liñas cando ainda non se sabe o número de victimas da violencia islamista nos derradeiros atentados de esta noite ( 13-11-2015) en Francia.

Non podemos falar de atentados illados cando falamos dunha verdadeira escalada na guerra étnica que vive Francia ahi anos, miles de "sucesos illados" , atentados, ataques , violacions, queimas de vehiculos, etc...que non son mais que unha "guerra de baixa intensidade" en Europa.

IDENTIDADE GALEGA  condea os recentes ataques islámicos en Francia.

IDEGA considera como primeira medida o peche total de fronteiras a calquera seudorefuxiado procedente de paises musulmans, coma primeira medida de seguridade, a prioridade e o dereito a vida dos europeos.

IDEGA denuncia a actitude estupida e inconsciente dos "buenistas"  multiculturalistas de todo tipo que neganse a ver a realidade e poñen en perigro a vida dos seus concidadans baseados en teorias falsas, de integración, etnomasoquismo europeo, "culpa", debilidade, etc.

A verdade e simple: ODIANOS , non polo que fagamos o deixemos de facer, odianos polo que somos, europeos, non musulmans.

IDEGA  apoia a actitude do goberno hungaro nestes dias de invasión de Europa pola defensa dos europeos.

IDEGA  considera a acción militar rusa en Siria como a unica resposta valida a crise.

 

IDEGA


Alain de Benoist, sobre los atentados de París: “… la paz es algo frágil, y nunca será el estado natural de una sociedad”.

por Nicolas Gauthier – «Ahora es la guerra», titulaba Le Parisien al día siguiente de los atentados del 13 de noviembre. «Estamos en guerra», también ha declarado Manuel Valls. ¿Es su opinión?

Alain de Benoist – Claro. Pero ¿por qué decirlo si es evidente? Todo el tema está ahí: estamos en guerra, pero muchos franceses no lo comprenden. A los atentados del 13 de noviembre, que, a diferencia de los del pasado mes de enero, no se dirigían a nadie en particular, sino a todo el mundo de forma indiscriminada, ellos responden en términos convenidos que pertenecen principalmente al registro humanitario (“tristeza, horror”), lacrimógeno ( “un pensamiento por las víctimas”) y maternal (“Protégenos de los malvados”).  Observan minutos de silencio y encienden velas tal como lo harían con motivo de una masacre perpetrada por un loco en una escuela, de un accidente aéreo o de un terremoto mortífero. Proclaman “no tener miedo”, incluso cuando corretean como conejos a la menor falsa alarma. Miedo, inseguridad, psicosis. A fin de cuentas, los ataques se reducen a una incomprensible violencia desencadenada de la que son responsables “los que aman la muerte”, y de la que son víctimas “los que aman la vida.” Este vocabulario, esta actitud, estas reacciones no son las de aquellas personas que han comprendido lo que es la guerra. Los atentados han golpeado a hombres y mujeres que no tenían la sensación de estar en guerra o de vivir una.

Incluso hasta el término “kamikazes” que vemos ahora utilizado en todas partes, llega a ser totalmente inapropiado. Los pilotos kamikazes (“viento divino”) eran soldados japoneses que sacrificaban sus vidas yendo a golpear objetivos militares, ¡no fanáticos que se iban a inmolar para asesinar a civiles!

NG – ¿Cómo explicar esta incomprensión?

AdB – En primer lugar, porque esta guerra es de un tipo peculiar, ya que combina guerra convencional sobre el terreno y terrorismo, y que el enemigo es reclutado en parte entre nosotros. Seguidamente, debido a que en realidad nunca se le ha explicado realmente a los franceses porqué elegimos implicarnos en ella. ¿Debíamos participar junto a los estadounidenses en el conflicto que, en la actualidad, opone a sunitas y chiítas? ¿Y por qué nos empeñamos en rechazar cualquier tipo de colaboración con Siria e Irán, que combaten al Daesh con las armas en la mano, sin dejar de cortejar a las dictaduras petroleras del Golfo, que apoyan directa o indirectamente a los yihadistas? Esta falta de claridad no promueve la comprensión.

La verdadera razón, sin embargo, está en otra parte. Además de las guerras relacionadas con la descolonización (Indochina, Argelia), Francia está en paz desde hace 70 años. Esto significa, no sólo que las generaciones más jóvenes nunca han experimentado la guerra, sino – caso único desde hace siglos – que sus padres tampoco la han conocido. En el imaginario colectivo de la mayoría de los europeos, la guerra ha terminado. O más exactamente, acabó entre nosotros.

A pesar de los acontecimientos que asolaron la antigua Yugoslavia, y de lo que está sucediendo actualmente en Ucrania, tienen el sentimiento de que en Europa la guerra ha llegado a ser imposible. Se imaginan que la construcción europea ha creado un estado de paz que siempre va a perdurar (en realidad, es todo lo contrario: Europa no ha evitado la guerra, es el fin de la guerra lo que ha permitido crear Europa). Por supuesto, saben que el ejército francés continúa sus “operaciones” en algunos países, como Mali, pero todo esto se les aparece como algo que no les concierne, sobre todo porque los teatros de operaciones son distantes.

Es también la razón por la cual hablan de “escenas apocalípticas” para describir los atentados en los que hubo 130 muertos. ¿Qué palabras utilizarían para describir esos períodos de la Primera Guerra Mundial, cuando los combates hacían más de 20.000 muertes al día? Ellos todavía tienen que aprender que la paz es algo frágil, y nunca será el estado natural de una sociedad. Incluyendo a Europa.

El viejo sueño de “acabar con la guerra” sigue estando presente en la mentes… ¡incluso si nunca ha habido tantas guerras en el mundo desde que la guerra fue oficialmente abolida!

Sobre todo en la mente de los pacifistas que quieren “hacer la guerra a la guerra” sin ni siquiera darse cuenta de la naturaleza contradictoria de esta consigna. Pero el pacifismo no es la paz, es incluso lo contrario. Cuando, en 1795, Immanuel Kant publicó su Proyecto de paz perpetua, que hunde sus raíces en el del abad de Saint-Pierre (Proyecto para hacer la paz perpetua en Europa, 1712-1713), se contentó con hacer de la “paz perpetua” una exigencia de la razón práctica: “La razón moralmente práctica enuncia en nosotros su veto irrevocable: no debe haber guerra.” Vemos, pues, que se trata de una ilusión, ya que si fuera posible lograr en la práctica lo que sólo se puede observar en el dominio de la razón pura, la distinción entre lo empírico y lo metafísico ya no tendría más razón de ser. El proyecto kantiano postula en realidad el dominio del derecho mediante la metafísica y la moral, y la afirmación de la soberanía de la metafísica sobre la práctica.

La paz es inconcebible sin la guerra, y lo contrario también es cierto. La guerra siempre seguirá siendo una posibilidad, porque nunca se podrá eliminar aquello que la provoca, a saber, la diversidad virtualmente antagonista de las aspiraciones y valores, intereses y proyectos. La abolición del Estado-nación no cambiaría nada: en el seno de un “Estado mundial” las guerras internacionales simplemente serían reemplazadas por guerras civiles. No se elimina a un enemigo declarándose “por la paz”, sino mostrándose más fuerte que él.

(Traducción de Jordi Garriga)

Fuente: Boulevard Voltaire.




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