O goberno do PP prepara medidas legais para acabar coas caixa rurais, as unicas entidades financieiras que podemos considerar públicas, e que non tiveron que pedir ningunha axuda economica do estado, e que no estafaron a xente con "preferentes".

As medidas van na liña que se fixo coas caixas, falamos dos cambios legais dende hai mais de 15 anos , coa escusa da liberalizacion, foron precisos para cargarse, literalmente, o sistema financeiro semipublico que lle facia a competencia a banca.

Desde IDEGA apoiamos o sistema de cooperativas de credito fronte a gran finanza internacional, e apoiamos a existencia e continuidade da Caixa Rural Galega, a única entidade financieira galega que hoxendia existe.

Cajas rurales, mohicanas financieras

Fernando González Macías  13.05.2014 | 01:30 

Son las últimas mohicanas del sistema financiero español. Las cajas rurales se resisten a ser bancarizadas como en su día lo fueron sus primas hermanas las cajas de ahorro. Se reivindican como la única alternativa real a la hegemonía total de los bancos, dado que la llamada banca ética tiene por ahora una presencia casi testimonial en el mercado. Suponen no más de un cinco por ciento del volumen de negocio del sector. Sin embargo evitan la exclusión financiera de muchos miles de ciudadanos, y no solo del rural, que es por tradición su ámbito natural, sino también de las áreas urbanas en las que tienen una presencia cada vez más significativa.

El ministro De Guindos anunciaba en enero pasado el propósito del Gobierno de iniciar la reforma de las cajas rurales para completar la reestructuración de la banca. Se trataría de actualizar su régimen jurídico, en línea con las exigencias de las autoridades comunitarias, incrementando los controles de solvencia y eficiencia, para evitar riesgos futuros. El Ministerio de Economía pretende impulsar las fusiones necesarias para que a medio plazo se reduzca sensiblemente el número de entidades de este tipo, que en la actualidad son más de sesenta, muchas de ellas locales y comarcales o gremiales.

La pretensión concentradora no es del agrado de la gran mayoría de las cajas rurales. Con la excepción de Cajamar, que es la grande, no ven la necesidad de fusiones y absorciones, mientras estén saneadas y no tengan problemas. Prefieren seguir solas, sometidas a la fiscalización que se considere conveniente, pero a su aire. Y le recuerdan al Gobierno que hasta ahora no han necesitado ayuda pública alguna, porque funcionan bien y cumplen los objetivos que estatutariamente tiene marcados. Nunca se metieron en camisas de once varas, ni asumieron riesgos indebidos. Por eso se salvaron del tsunami. Igualmente rechazan la idea de transformarse o constituir bancos convencionales.

En Galicia solamente queda una cooperativa de crédito, la Caixa Rural Galega, que, aunque opera en toda la comunidad, tiene sus raíces en Lugo, la única provincia que conservó ese modelo de intermediación pura y dura; el resto fueron absorbidas por las cajas de ahorro en aquellos años de voracidad expansiva en que se veían capaces de comerse el mundo. Su seña de identidad, como la de sus hermanas del resto de España, es la prudencia en la gestión. A veces incluso exagerada. Nada de especulación, los pies en la tierra. El secreto de su éxito, reinvertir en su capitalización del orden del 90 por ciento de los beneficios que genera, porque así lo quieren sus varios miles de cooperativistas, que son los únicos y verdaderos propietarios de la caja.

La Caixa Rural tuvo la suerte de tener al mando a gente totalmente imbuida del espíritu de empresa cooperativa, sin más ínfulas ni pretensiones que optimizar el beneficio social de la actividad propiamente financiera (recibir y prestar dinero). Ninguno de sus presidentes, consejeros o los directores generales se planteó nunca ser un Méndez o un Gayoso de la vida. Nunca les acomplejó la ruralidad del ADN de la caja, muy al contrario, la asumieron como un parte fundamental de la cultura fundacional sobre la que construyeron el proyecto de lo que hoy es la única entidad bancaria cien por cien gallega que nos queda. Saben que en la Galicia rural están sus raíces y no se van por las ramas. Por suerte para sus clientes, para sus socios y para el país, que somos todos.

La Opinion Coruña