Coincidimos con este artigo nestes tempos en que se confunde a austeridade dos politicos, que deberia ser permanente e non reservada para os tempos de crise, o despilfarro inutil e a corrupción cos recortes en dereitos e prestacions sociais a poboación para pagar a inutilidade dos politicos e a sua complicidade coa banca.

También se puede morir de austeridad

Roberto Blanco Valdes

La diarquía que de hecho gobierna la Unión desde hace algunos años -la que forman Merkel y Sarkozy, al margen de cualquier previsión de los tratados europeos- ha encontrado la piedra filosofal para salir de la crisis económica: la austeridad. Esa es la palabra en que se resume un programa de gobierno que consiste, en esencia, en que los Gobiernos gasten menos y en que los ciudadanos ganen menos.

Aunque cabría discutir tal programa desde sus mismos fundamentos -pues no es lo mismo que los Gobiernos aprieten el cinturón de los gastos suntuarios que el de los servicios sociales esenciales, ni lo es que se reduzcan las rentas reales de quienes las tienen fabulosas que las de quienes apenas pueden ir tirando-, aceptemos que la salida de la crisis pasa por fomentar la austeridad, aunque solo sea como un supuesto teórico para formular a quienes la exigen de forma perentoria la pregunta del millón: ¿y con tanta austeridad, cómo se sale de la crisis? Pues si los Gobiernos reducen aún más sus inversiones y la inmensa mayoría de los particulares ven menguadas todavía en mayor medida sus ya castigadísimas rentas personales lo que ocurrirá está cantado: que la economía se paralizará con menos inversión y menos gasto, lo que reducirá el consumo en bienes y servicios, lo que, a su vez, contraerá la creación de riqueza, dando lugar a más desempleo, por tanto a más déficit fiscal, origen, finalmente, de que haya menos inversión y menos gasto... y así en un circulo vicioso del que nadie indica la salida.

De hecho, esa es la pregunta que jamás responden Merkel y Sarkozy ni ninguno de los que defienden que la superación de la crisis se producirá contrayendo las economías hasta el punto de que puedan volver a entrar en recesión: ¿cómo se rompe el círculo vicioso de que sin crecimiento no hay consumo y sin consumo no se produce crecimiento?

Sí, aunque nos olvidemos del ladrillo. ¿Cómo se suplen los cientos de miles de puestos de trabajo que genera la inversión pública? ¿Quién mantendrá, con su consumo, la economía productiva? ¿Quién comprará ropa, muebles, lavadoras o periódicos? ¿Quién comerá en restaurantes, dormirá en hoteles o utilizará los servicios de un taxista?

Y si las fábricas de ropa, muebles y lavadoras no venden sus productos, ni lo hacen los editores de periódicos, ni tienen clientes los restaurantes, hoteles y taxistas, ¿cómo se conservarán los puestos de trabajo? Y si los empleos no se mantienen, ¿cómo podrán quienes lo pierden consumir para mantener en marcha la economía del país?

Esas, entre otras, son las preguntas que jamás contestan, parapetados en una ortodoxia sin respuestas, quienes nos proponen salir de la crisis exportando recesión. ¡Que nos lo expliquen! Es lo menos que nos deben, a cambio de los inmensos sacrificios que nos piden.

Miércoles 07 de diciembre de 2011La Voz de Galicia