Una reflexión sobre las concentraciones del 15M: leones y no corderos.

25 de mayo de 2011 - Categoría IDEAS

dUNA REFLEXIÓN SOBRE LAS CONCENTRACIONES DEL 15-M

Resulta cuanto menos sospechoso, que lo que se pretende una revolución anti-sistema nazca paralelamente en el tiempo a ciertos movimientos sucedidos en el Mediterráneo africano que también se han pretendido “revoluciones” pero que el tiempo ha demostrado simples maniobras políticas manipuladas por los poderes mundiales. Igual de sospechoso es que el movimiento al que nos referimos, que ha dado en ser bautizado como “15-M” o “Spanish Revolution” en un lenguaje, también, sospechosamente correcto, haya surgido de las llamadas “redes sociales”, y amparado y difundido desde el primer momento por unos medios de comunicación a sueldo de un sistema al que se pretende combatir.

No obstante, las ideas que llegaron con el inicio de las movilizaciones, eran positivas y necesarias: denuncia del paro y de la corrupción política, rechazo a los partidos mayoritarios considerados vendidos a la banca, al bipartidismo y a la finanza, y el hecho de que millares de españoles salieran de sus casas para actuar en la calle contra los políticos y la banca, era, cuanto menos esperanzador. Lo que no estaba tan claro, era hacer responsables únicos de la crisis económica a la banca y a los grandes partidos políticos. Se echaba y se echa en falta a otros actores de no menos importancia, como son los partidos pequeños que también han participado con menor protagonismo pero igual responsabilidad haciendo el juego a los partidos grandes –en este sentido me permito destacar a Izquierda Unida- y a los grandes actores de la “falsa democracia” que ayudaron a instaurar durante las últimas décadas, vendidos también a los intereses bancarios y que pretenden sacar rédito político de estas movilizaciones, los medios de comunicación, la inmigración, y también, por qué no, la actitud de muchos de los propios perjudicados por la situación actual, que han mantenido y en muchos casos continúan manteniendo, cuando no justificando, a los partidos políticos con representación parlamentaria, a la banca, y a los medios de comunicación, verdadera y eficaz arma propagandística de todo el entramado, y que además con sus hábitos consumistas, arraigados mediante la propaganda del sistema y la televisión de la que nadie prescinde, han mantenido con su apatía y participación un tipo de economía especulativa y capitalista cuya consecuencia, por otra parte previsible, ha sido y es una situación económica y laboral insostenible que permite entrever un futuro poco halagüeño.

A pesar de ello, cabría felicitarse, si el movimiento del 15-M fuera consciente de los errores del pasado para actuar de forma trasversal y política contra los poderes financieros, los políticos vendidos y los medios del sistema. Sería motivo de esperanza, si entre los “indignados” encontráramos a miles de familias de todas las clases, y a una “juventud” rebelde – que hasta ahora no hemos encontrado sino en las palabras huecas de los medios informativos- dispuesta a ahondar en las verdaderas causas de la crisis, actuando en consecuencia y luchando activamente por un futuro mejor. Por el contrario, sí hemos encontrado, de manera mucho mayor a lo deseable, a grupos de estética izquierdista, consumidores de hachís –una de las peores drogas de control del sistema-, nostálgicos de las movilizaciones del 68, hippyes reciclados, y políticos oportunistas. Por supuesto, también-sobre todo en los focos de mayor concentración como la Puerta del Sol de Madrid-, a familias y personas sinceras, verdaderos “indignados” y perjudicados de la situación económica y política, como también social y cultural. Sin embargo, por ahora, lo único que se ha podido constatar es que la influencia del movimiento del 15-M es altamente limitada en todos los niveles, sobre todo si tenemos en cuenta que a siete días del nacimiento de las movilizaciones, actuando en plena campaña electoral, los dos partidos fuertes del sistema y sus cómplices periféricos han sido masivamente votados. Fuera de un pequeñísimo aumento de votos nulos, y del ascenso electoral de algunos partidos de izquierda, favorables al movimiento, como IU o Compromís en Valencia, no se ha detectado ninguna influencia destacable.

Y en cuanto a los jóvenes, los estudiantes, los parados o los ni-ni, su presencia ha sido más que insuficiente. Llama la atención que el día después de las elecciones las aulas de las universidades estuvieran pacíficamente llenas y que continuara el bochornoso espectáculo de jóvenes aburridos fumando porros en los parques durante la jornada laboral o lectiva. Igual que llama la atención que en muchas ciudades los llamados “macro-botellones” o cualquier partido de fútbol televisado tengan una capacidad de convocatoria notablemente mayor a las concentraciones de los últimos días. Algo que da que pensar.

No por ello pensamos que este movimiento deba desaparecer, pero sí transformarse en una verdadera corriente inconformista y rebelde. De lo contrario, solo habrá servido para fortalecer al sistema al que se pretende combatir.

Las protestas llegan tarde y mal. Pero podrían ser un comienzo. De algo tan importante como necesario, si realmente hubiera primero un sentimiento de autocrítica que superara al victimismo con fondo egoísta palpable en su superficie. Porque, habría que meditar cuántos de estos indignados se obstinan todavía en anquilosadas posiciones derecha-izquierda o de defensa de sus “colores” políticos, cuántos cuentan con impuestos prejuicios políticos, históricos y culturales, lentamente inculcados por el sistema en los últimos sesenta años.

Deberíamos preguntarnos cuántos de los concentrados se quedaron en su casa-porque ellos aún tenían trabajo y capacidad de consumo- cuando se retiraron las ayudas a la maternidad, cuando se destruyó nuestro tejido industrial, se deslocalizó nuestro trabajo, se aumentó la edad de jubilación, se despilfarró el dinero público o sufrimos las primeras invasiones migratorias. Cuántos permitieron con su silencio que especularan con la vivienda o callaron cuando había trabajo y riqueza a cambio de endeudar nuestro patrimonio y destruir nuestra agricultura. Cuántos se beneficiaron de la cultura del pelotazo y la especulación. Cuántos compraron en comercios chinos a costa de hundir nuestros centros de producción y los comercios de sus vecinos, o cuantos han utilizado para estas concentraciones las redes de Telefónica que deslocalizó hace años sus call centers en España para llevárselos a Sudamérica y hoy anuncia miles de despidos en plena orgía de beneficios. Como dice Ramón Bau, “si ahora, hoy, el gobierno dijera que eliminaba los recortes y apoyara dar miles de millones más a parados y necesitados a costa de aumentar la deuda, ¡la gente aplaudiría!... esos mismos que protestan de la banca apoyarían una mayor dependencia y esclavitud de la Banca…. Nadie quiere ahora asumir sacrificios.”

Sin embargo, los sacrificios, como la dignidad, son necesarios si se quiere cambiar algo. No basta con indignarse y encerrarse en un redil perfectamente delimitado bajo la mirada comprensiva de las autoridades políticas de turno. Es necesario actuar de forma cotidiana, llevar la protesta a los actos del día a día, abordar en profundidad, de forma clara y sin complejos, los verdaderos problemas de nuestra gente, abandonar de una vez la corrección política impuesta por los medios y luchar conjuntamente y de forma trasversal por propuestas realistas y concretas cuando la situación lo requiera.

En definitiva, actuar en campañas activas y directas y no solo sentarse a debatir o complacerse con la presencia en acampadas y asambleas para discutir sobre temas difusos. Un boicot conjunto y organizado, una baja como cliente, una retirada de voto, pero también comprar únicamente productos autóctonos en pequeños comercios autóctonos con preferencia a grandes cadenas, apoyar la preferencia en el trabajo de los de casa frente a los llegados de fuera, o el consumo de productos de nuestra tierra a poder ser ecológicos y adquiridos directamente al productor, no usar tarjetas de crédito, apoyo a medidas de ayuda a los países del tercer mundo para frenar la inmigración, desenmascarar los endeudamientos de los partidos a la banca, seguimiento y denuncia de los políticos corruptos localidad por localidad demostrándoles nuestro rechazo, recogida de firmas para la retirada de leyes injustas etc pueden ser formas de lucha muy efectivas que los “indignados” parecen, por el momento, no tener en cuenta. Mucho más efectivas que las formas de protesta en las que nos adoctrina el sistema como gritar consignas vacías al aire, ponernos máscaras de payaso y pintarnos, hacer cadenas humanas y murales pacifistas, gritar un rato en la sede de la Bolsa o hacer ruido con cacerolas, acciones, solo algunas de ellas, más complementarias que decisivas.

Las propuestas reales se echan a faltar en unas asambleas cada vez más instrumentalizadas, en las que tristemente se habla mucho y se hace poco. También se echa en falta la acción y presencia de grupos identitarios -un sector también necesitado de una demoledora autocrítica- tomando las riendas de la protesta y siendo vanguardia con sus propuestas. Si no somos capaces de hacerlo, al final tendremos que callar. No basta, pues con quedarse encerrado, sea en casa o en una plaza.

Hacen falta leones y no corderos.

Área Identitaria